lunes, 8 de febrero de 2010

Flechazo

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Cuestión de una de esas casualidades en las que no confío, o quizá de un destino como ese en el que no creo. Cuestión de azares, fortunas, suerte o planes maestros. A lo mejor tenía que pasar, o puede que fuese una improvisación, pero alguien nos puso ahí a los dos. Y alguien -el mismo que antes u otro, ¿qué más da?- hizo que nuestras miradas se cruzasen. Y ya nada volvió a ser igual. 
Lo vi a través de la habitación, una habitación llena de gente, de luces, de colores brillantes, pero yo sólo tenía ojos para él. Igual que en las películas, todo a mi alrededor se emborronó. La amiga que me acompañaba comentó algo, pero yo apenas lograba distinguir el sonido de su voz, tan concentrada como estaba en la visión que acababa de aparecer ante mis ojos. La música atronadora que hasta ese momento se clavaba en mis tímpanos, pareció desvanecerse tan súbitamente como si alguien hubiese apagado la radio. Solamente escuchaba el sonido de mis pensamientos. En mi cabeza bullían miles de ideas, sobre las que destacaban dos: tenía que ser mío, pero...¿y si no era el adecuado para mí?
Debía llegar hasta él antes de que alguien se me adelantara, era preciso que nadie se diese cuenta de que estaba allí antes de que yo lo hubiese alcanzado. Necesitaba comprobar que era real y no un simple espejismo, habitual en situaciones estresantes como aquella en la que estaba inmersa; necesitaba saber si era tan perfecto para mí como parecía, si esta vez, por fin, había dado con el adecuado. ¿Cómo podía ser que estuviese ahí, completamente solo? Me preocupaba que fuese engañoso, que hubiese algo que yo no veía y que hacía que nadie más se fijase en él. A lo mejor tenía algún defecto que asustaba a todas las demás, o, quizás, simplemente nadie lo veía con los mismos ojos que yo.
No perdía nada por intentarlo y, si no lo hacía, podría arrepentirme durante mucho tiempo. No recuerdo cómo atravesé la muchedumbre que se interponía entre nosotros para aproximarme a él. Cuando, finalmente, logré acercarme, me quedé parada un instante, sin saber muy bien cómo actuar. Nunca me he considerado una persona impulsiva, pero la situación comenzaba a sobrepasarme. Giré a su alrededor, buscando otros ángulos desde los que poder descubrir cualquier defecto superficial que a primera vista se me hubiese pasado por alto: nada. Sentía que todo el tiempo invertido en la búsqueda había merecido la pena. “Ahora o nunca”, pensé. Un paso al frente y ya estaba a escasos centímetros de él. Parecía encajar perfectamente conmigo, aunque, por supuesto, necesitaba algo más que mirarlo para saber con certeza algo así. Tuve que ponerme de puntillas para alcanzarlo. Mi amiga, que se había acercado por detrás sin que yo me diese cuenta, nos miró y sonrió: “Es perfecto”. - “¿Tú crees, Cris?” - “Desde luego. Vas a estar guapísima con ese vestido, parece hecho para ti”.
Para que luego digan que el amor verdadero no existe...

1 comentario:

  1. Eli, si te casas avisa para que ahorremos, eh? Me gusta este texto! =) muaaak, pasa buen finde!

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