martes, 7 de enero de 2014

Nudismo


Esto empezó con Jesús Terrés. Sus términos me empujaron a juntar todas estas letras que, al final, no parecen tener demasiado sentido. Pero aquí van las cosas que amo, así, sin más, siguiendo las condiciones del propio Nada Importa: "sin orden, sin propósito, (segundas) intenciones ni hostias".



Despertarme con nieve. El helado de coco de Los Italianos. Las noches de verano con jersey. El olor a albahaca. Llorar con Sayuri y el Presidente. Algunas tardes de domingo. Que llegue el otoño y empiece a hacer frío. Pamplona. Cantar desafinando en los viajes en coche. La expectación. Los viernes por la tarde. Los regalos sinceros. Una botella fresca de Gewürztraminer para compartir (a veces, también me vale un Txakolí). Las sonrisas indisimulables. Una sala de cine vacía. Desayuno con Diamantes. Las golondrinas (vuelvan o no). Que juegues con mis dedos. La playa -el mar- con mal tiempo. Los abrazos inesperados. Los abrazos sin aire. Los abrazos por la espalda. Los abrazos. Tapear. Sweet Caroline. “Y entonces, como en todos los momentos importantes de mi vida, dejé de pensar”. Cuando alguien habla de lo que ama. Ho Hey. El Toblerone. Los reencuentros. “Adán y Eva”. Las combinaciones improbables. Reírme hasta que me duela el estómago. Que me dejen notas por casa. Paul Newman (y Joanne Woodward). Mis muñecas. Tu espalda. Aunque tú no lo sepas.

Las tormentas. Mafalda. Chocolate con nata y churros en la Granja Anita. El último día antes de vacaciones. Acostarme en sábanas limpias. Madrid en otoño. Madrid en invierno. Madrid. Los planes improvisados. Nuestros bares. Skinny love (por eso no la escucho). Las bodas. Antonio López. La aventura. El momento inmediatamente anterior a un primer beso. Stubborn love. Los amigos de la palma de la mano. La ventana de mi habitación en Huesca. La voz de Silvia Pérez Cruz. There's a light that never goes out. Ver a mis padres felices. Los campos de amapolas/girasoles. Quique González. La piel de gallina tras una caricia. Ponerme los cascos y echar a andar. Visitar cementerios. El olor a vainilla. Laberinto. El color indefinible de esos ojos. Estrenar zapatos. Lauren Bacall. El click. Que me sorprendan. Hacer un bizcocho. Sentir que te acercas (en todos los sentidos). Hallelujah. La palabra “confitería”. Los silencios cómodos. Bajarse del tren en Viena. La sensación de llevar los dientes recién lavados. El verde-verde. La sonrisa de Vivien. Los marrons glacés. Que me cojas de la mano. Un picnic con sol. Las postales. Ikea en 500 Days of Summer. Cuando Elisa preguntaba “ñana?”. Mis Dr Martens. Que te la juegues un poquito (y mejor si es por mí).

Danny Boy. El queso. Carl y Ellie en Up. Las buenas historias. Que Galia salga a recibirme. Pintarme las uñas. Tiny Dancer. Comprar libros. Desayunar salado. El olor a hierba recién cortada. Que el avión empiece a despegar. Bilbao. Recibir una carta escrita a mano. Las papelerías. Espíritu Santo y El Barco. Que me mires así. Cenar fuera. Las canciones que me hacen saltar y bailar (aunque sean de One Direction). Llevar el pelo recién lavado. El miedo a (decirte) lo que siento. Mi calle de cerezos japoneses. Los ojos de Elizabeth. Un té con miel en una taza antigua. Me and Bobby McGee. El roce de (sus) dedos en (mi) espalda. Las rayas marineras. “Pá qué le digo que no, si sí”. El almendro de nata. El Café de la Luz. Las máquinas de escribir. Leer al Guardián. El mundo de un niño pequeño. Utrecht. “Los chicos que leen y que se pasan la mano por el pelo mientras leen y se quedan despeinados". Fresas con yogurt. Perderme en un libro. Escarlata. El movimiento de una falda al andar. El frío. Lo que te escondo. Lo que logras descubrir.

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