lunes, 26 de diciembre de 2011

1,53

Nunca he sido especialmente guapa, ni tampoco especialmente fea. Algunos dirán que paso desapercibida, y que la mayor parte del tiempo no se sabe si estoy o no. No mienten. Cotilleo por afición y deporte (es el único que practico), y he hablado mal de alguien más de una vez y más de dos, aunque nunca tantas como para ser mala (y mucho menos para hacer daño). Muchos más han hablado mal de mí, pero esos no me preocupan. Hay muy poca gente a la que deba cosas, pero las pocas que debo pesan toneladas. Eso es algo que intento no olvidar. Desaparezco, y no doy señales de vida en semanas. No lo hago conscientemente, el tiempo pasa más rápido de lo que soy capaz de asumir y tiendo a centrarme en el aquí y en el ahora. Pero quien ha querido encontrarme nunca ha tenido problemas para hacerlo. He hecho muchas cosas mal, casi todas sin querer, pero voy aprendiendo, aunque sea a golpes. Me dejo quemar las dos manos por esas pocas personas que realmente importan, incluso aunque alguna vez me fallen. Yo he fallado más veces de las que me gustaría reconocer. Intento crecer y descrecer, siempre depende de la ocasión. Me encanta saltar por las baldosas de colores, y que me cuenten historias. Siempre me enamorará una buena historia. No soporto a quienes sólo ven paja en ojo ajeno, ni a quien me vende consejos que no aplica. Hablo sin parar, aunque intento que sólo sea sobre lo que conozco. Las generalizaciones me saturan y agotan mi paciencia -a veces parece que tengo mucha y otras, muy poca. Canto desastrosamente, bailo bastante regular y no sé patinar sobre hielo. Mi otro trauma es que nunca tendré sobrinos. A veces creo en el karma. La universidad me enseñó que no soy la mejor en nada (y que la vida no trata de serlo). Y, sobre todo, que no tendré nada por lo que no haya trabajado. He perdido a personas queridas por el camino, luego he aprendido que quizá ellas no me querían a mí. No me cuesta tanto perdonar como (me) parece, y no odio a nadie porque (me) cansa. Me hago promesas que no cumplo, pero sigo volviéndomelas a hacer, por si cuela. Y no acabo de entenderme, pero nunca he logrado ser alguien distinto a mí.