lunes, 27 de septiembre de 2010

Aficiones (I)

D

Domingos de salir a pasar frío colgada de tu brazo, cuando ya ha oscurecido y apenas queda gente por las calles, el aire helado me pega en la cara y una mano se me empieza a congelar. La otra se ha resguardado entre las tuyas, y parece que allí ha encontrado su lugar y ya no necesita moverse. Andar sin rumbo buscando nada, hasta rendirnos a un café en cualquier sitio que esté abierto. Salir otra vez al otoño, a caminar despacio y a mirarlo todo, a deshacer lo andado pensando que daría cualquier cosa por no tener que volver a casa.

jueves, 13 de mayo de 2010

TúLaLlevas

Las niñas de clase de patinaje estaban jugando a pillar. Las que la ligaban hacían todo lo posible por cazar a sus compañeras antes de que pasasen la frontera y llegasen a territorio seguro, y las pocas que quedaban con vida patinaban a toda velocidad, soñando con ser la que, esta vez sí, quedase última y ganara el juego.
Lucía se estaba esforzando por agarrar a una compañera vestida de negro que empezaba a tener muy a tiro. Estaba ya casi casi al alcance de su brazo extendido cuando la niña se ha caído al suelo. Ahí mismo, en sus narices. Sólo tenía que tocarla y "¡pillada!". Lucía la ha mirado, se lo ha pensado un poquito y se ha dado la vuelta, a ver si podía cazar a alguna otra.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Típico

Típica señora que se te cuela en el supermercado porque 'no te ha visto'. Típico hombre de negocios siempre colgado del móvil y sin tiempo para su familia. Típico pijo inaccesible por el que suspira todo el instituto. Típico jubilado que se para a mirar unas obras. Típica compañera de clase que nunca saca menos de notable, aunque te diga que todos los exámenes le han salido fatal. Típica cajera choni que masca chicle con la boca abierta mientras te cobra en el 'súper'. Típica madre que deja su trabajo para cuidar de sus hijos. Típica persona mayor que arruga la nariz cuando pasan jóvenes y dice que la juventud de hoy en día está echada a perder. Típica niña insoportable que da la tabarra a todo el tren las dos horas que dura el viaje. Típica amiga que siempre te anula los planes a última hora. Típica mujer que se pega a la pared de las casas llevando paraguas. Típica chica lesbiana que actúa y se viste como un chico. Típico conductor de autobús borde que arranca justo cuando llegabas corriendo a la parada. Típico hippie lleno de piercings y rastas que no se ducha nunca. Típica compañera de clase que te mira por encima del hombro. Típicas señoras que se reúnen para cotillear. Típico tío que te repasa de arriba abajo cuando pasas a su lado en la discoteca. Típica peluquera que te corta el pelo como le da la gana. Típico profesor que pregunta en el examen lo que dijo que no entraba. Típica empleada del Corte Inglés que se maquilla como una puerta. Típica torpe que te tira el cubata por encima y, además, te pisa. Típica soltera en la treintena que vive al más puro estilo Sexo en Nueva York. Típico veinteañero que no come de nada porque 'no le gusta'. Típico compañero de clase que te agrega al Facebook sin haber hablado nunca contigo en persona. Típica señora que ya no cumple los cincuenta, se tiñe de rubia y lleva un chándal rosa. Típico amigo gay con el que vas de compras.

Pues yo creo que esa señora de la cola del 'súper' es, en realidad, el Asesino de la Baraja; el empresario de traje canta, los martes y los jueves, canciones de Rocío Jurado vestido de folclórica en una tasca del centro; tu amiga siempre te anula los planes porque lleva una doble vida: su identidad secreta es la de una superheroína que lucha contra la piratería -no está claro si la discográfica o la de Somalia- a petición del Gobierno; el hippie se lava el pelo todos los días y mima sus rastas con 5 productos capilares, y se da mechas y reflejos una vez al mes; a la cajera choni le apasiona leer enciclopedias médicas y ese pijo inaccesible está perdidamente enamorado del profesor de Biología, aunque todavía no se lo ha confesado a nadie...y te recomienda el jersey azul.


viernes, 26 de febrero de 2010

martes, 23 de febrero de 2010

Dos

Yo te miro a ti, tú me miras a mí y las risas estallan.
Ni siquiera he tenido que empezar a hablar para que tú sueltes un escandalizado "ElisaAraLarreee??!!" y vuelvan las carcajadas. Por más que los años den para muchos claroscuros, contigo sólo recuerdo risas y más risas. Me has hecho reír desde que me acuerdo. Ahora me toca a mí.




No matter the situation, boy

miércoles, 10 de febrero de 2010

Jánovas no se rinde II


Habanera triste
Mi casa era un barco velero cada vez que Madre hacía la colada,
con velas de sábanas blancas tendidas a los vientos de estas montañas.
Un barco de piedra en el valle, anclado hace siglos a orillas del Ara, frente a la isla de Lavelilla y entre las costas de Fiscal y Boltaña.
Y, aunque han pasado muchos años, no podré olvidar nunca aquella mañana en que descubrí que no sólo en los cuentos siguen existiendo piratas, cuando, al abordaje, tomaron el pueblo y tuvimos que marchar de casa.
Y
al ver las lágrimas de Madre, a pique se me fue, de golpe, la infancia.
Fuegos fatuos entre las ruinas, restos de naufragio en una triste playa... Aún hay noches en que navega por mis pesadillas un buque fantasma y, siempre que surca mi alcoba, despierto empapado en sudor y rabia, pues sé que ha venido a anunciarme que en mi pueblo muerto ha caído otra casa.
Quién me iba a decir a mí, que soñaba con el mar, que en un maldito pantano mi casa iba a naufragar.
A Jánovas digo adiós, a Lavelilla y Lacort, adiós, barquitos hundidos, adiós.
Mi pobre país, adiós.



martes, 9 de febrero de 2010

Jánovas no se rinde


Tres pueblos, unas 150 familias. Ataques con explosivos, malos tratos, abusos de poder, exilio forzoso y lágrimas, muchas lágrimas. 50 años después, la lucha de aquellos que lo perdieron todo por recuperar sus vidas. ¿Una guerra? Pues no, un pantano.

Empezamos por el principio: En 1950 -ojalá pudiese comenzar la historia con un “había una vez”, porque los cuentos suelen tener un final feliz, y este relato todavía no- se proyectó una obra mastodóntica en la comarca del Sobrarbe, provincia de Huesca. Un enorme pantano en el río Ara, destinado a producir electricidad, que construiría Iberduero (hoy Iberdrola) y anegaría monte, tierras de labranza y tres poblaciones: Jánovas, Lavelilla y Lacort. Había que proceder a la expulsión forzosa de todos sus habitantes, y así se hizo.

Hubo quien se resignó desde el principio, aceptando la miseria que se les ofrecía a cambio de toda su vida. Otros permanecieron, negándose a arrancar las profundas raíces que los anclaban a esa tierra. En Jánovas, pueblo erigido en símbolo de esta lucha por ser donde mayores abusos se cometieron, quienes no quisieron marchar sufrieron ataques dignos del menos escrupuloso de los ejércitos: los operarios derribaron la puerta de la escuela, sacaron a la maestra arrastrándola de los pelos, y a los niños, a patadas; dinamitaron casas en el pueblo, todavía habitado, sin ninguna medida que protegiese a sus pobladores; destruyeron los campos de labranza que daban de comer a los vecinos; talaron los árboles frutales e inutilizaron las acequias; cortaron el agua y la luz.

Aún así, algunos siguieron resistiendo: el matrimonio formado por Emilio Garcés y Francisca Castillo aguantó hasta ser desahuciado en 1984, cuando ya ni el Estado ni Iberduero parecían tener interés en construir su pantano: a Iberduero no le resultaba rentable, y el Estado no estaba dispuesto a iniciar las obras por su cuenta. Tras años de movilizaciones sociales y acciones judiciales y ecologistas, el proyecto del pantano quedó oficialmente desestimado en 2005. Un pantano fantasma había arrebatado a 150 familias todo lo que era suyo por derecho.

Los antiguos vecinos y sus herederos luchan por que se les devuelva lo que queda de sus hogares y de sus tierras, solicitando una reversión justa. Pero está claro que, en este caso, pedir justicia es pedir demasiado. Los Gobiernos de todo signo se limitan a mirar hacia otro lado. La Confederación Hidrográfica del Ebro, en un derroche de buena voluntad, dice que sí, que por supuesto, que les devuelven lo que quieran; eso sí, a cambio, los vecinos deben reintegrar lo que en su día recibieron -nimia cantidad que tuvieron que emplear en comenzar sus nuevas vidas en otros lugares- con el valor actualizado: 34 veces lo recibido.Los vecinos de Jánovas dejaron hogares, y ahora deben pagar para que se les devuelvan ruinas.

Y pasa el tiempo, y en Lavelilla van cayendo las casas, y los que habitaban Lacort mueren, sin tan siquiera poder ser enterrados en la tierra que les vio nacer. Este relato acaba aquí, pero el cuento continúa, espero que hacia un final feliz. Mientras tanto, seguimos esperando y continúa la lucha. Porque Jánovas no rebla, Jánovas no se rinde.



Yo no tendría más de 8 años la primera vez que me contaron esta historia de piratas; no de esos que surcan los mares en sus navíos, sino de los que desvalijan amparados en el poder, sin importarles las vidas que destruyan en su camino. Porque intentaron acabar con el Ara de mi nombre y de mi familia, porque atacaron y menospreciaron mi tierra y porque a mi padre se le encharcaban los ojos y se le enrrabiaba la voz al hablar, me juré que Jánovas nunca caería en mi olvido, y que sus paisanos -mis paisanos- también contarían con mi voz para gritar un poco más alto y con un poco más de rabia. Jánovas no rebla.




lunes, 8 de febrero de 2010

Flechazo

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Cuestión de una de esas casualidades en las que no confío, o quizá de un destino como ese en el que no creo. Cuestión de azares, fortunas, suerte o planes maestros. A lo mejor tenía que pasar, o puede que fuese una improvisación, pero alguien nos puso ahí a los dos. Y alguien -el mismo que antes u otro, ¿qué más da?- hizo que nuestras miradas se cruzasen. Y ya nada volvió a ser igual. 
Lo vi a través de la habitación, una habitación llena de gente, de luces, de colores brillantes, pero yo sólo tenía ojos para él. Igual que en las películas, todo a mi alrededor se emborronó. La amiga que me acompañaba comentó algo, pero yo apenas lograba distinguir el sonido de su voz, tan concentrada como estaba en la visión que acababa de aparecer ante mis ojos. La música atronadora que hasta ese momento se clavaba en mis tímpanos, pareció desvanecerse tan súbitamente como si alguien hubiese apagado la radio. Solamente escuchaba el sonido de mis pensamientos. En mi cabeza bullían miles de ideas, sobre las que destacaban dos: tenía que ser mío, pero...¿y si no era el adecuado para mí?
Debía llegar hasta él antes de que alguien se me adelantara, era preciso que nadie se diese cuenta de que estaba allí antes de que yo lo hubiese alcanzado. Necesitaba comprobar que era real y no un simple espejismo, habitual en situaciones estresantes como aquella en la que estaba inmersa; necesitaba saber si era tan perfecto para mí como parecía, si esta vez, por fin, había dado con el adecuado. ¿Cómo podía ser que estuviese ahí, completamente solo? Me preocupaba que fuese engañoso, que hubiese algo que yo no veía y que hacía que nadie más se fijase en él. A lo mejor tenía algún defecto que asustaba a todas las demás, o, quizás, simplemente nadie lo veía con los mismos ojos que yo.
No perdía nada por intentarlo y, si no lo hacía, podría arrepentirme durante mucho tiempo. No recuerdo cómo atravesé la muchedumbre que se interponía entre nosotros para aproximarme a él. Cuando, finalmente, logré acercarme, me quedé parada un instante, sin saber muy bien cómo actuar. Nunca me he considerado una persona impulsiva, pero la situación comenzaba a sobrepasarme. Giré a su alrededor, buscando otros ángulos desde los que poder descubrir cualquier defecto superficial que a primera vista se me hubiese pasado por alto: nada. Sentía que todo el tiempo invertido en la búsqueda había merecido la pena. “Ahora o nunca”, pensé. Un paso al frente y ya estaba a escasos centímetros de él. Parecía encajar perfectamente conmigo, aunque, por supuesto, necesitaba algo más que mirarlo para saber con certeza algo así. Tuve que ponerme de puntillas para alcanzarlo. Mi amiga, que se había acercado por detrás sin que yo me diese cuenta, nos miró y sonrió: “Es perfecto”. - “¿Tú crees, Cris?” - “Desde luego. Vas a estar guapísima con ese vestido, parece hecho para ti”.
Para que luego digan que el amor verdadero no existe...